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El genocidio cátaro (1244)

by Guillermo Bertoldi
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A pocos kilómetros de Marsella hacia el oeste nos encontramos con la región del Langedoc, que en el pasado fue la más rica de Francia y hoy, una de las más pobres. En ella abundan los recuerdos de la turbulenta historia de estos parajes, salpicada por ruinas de castillos y antiguas ciudadelas, arrasadas por orden de reyes y Papas enarbolando el estandarte de Cristo, tan habitual en la Edad Media. Porque el Langedoc fue la cuna de la herejía, si esto puede decirse de algún lugar del mundo, y pocas veces la religión habrá determinado con tanta crueldad el destino de un país de manera tan visible, sin exceptuamos Bosnia e Irlanda del Norte.

 

 

Pues bien, ese Langedoc de fortalezas, de amor cortés, de trovadores y riquezas sin fin, fue el escenario de uno de los primeros genocidios de Europa (creo que la destrucción de Dacia por los Romanos fue el primero): una matanza de más de 100.000 seguidores de la herejía cátara por mandato del Papa que tuvo lugar durante la cruzada más desconocida, la albigense, la cual recibió su nombre de la ciudad de Albi, cuna de la insurrección.

Ya no es posible describir con exactitud la génesis de la fe cátara, pero en el Langedoc el movimiento se convirtió en una fuerza nada despreciable a partir del siglo X d.C. Parece ser que podemos encontrar sus antecedentes más fieles en el maniqueísmo, un conglomerado de enseñanzas acuñadas por el persa Mani en el siglo III de nuestra era; de ahí pasaron a la región montañosa que delimita los territorios de Macedonia y Bulgaria, desde donde alcanzó las tierras europeas primero gracias a las caravanas de los mercaderes y después, escondida en las columnas de caballeros de la primera cruzada... cuyos portadores fueron conocidos como Cátaros, del griego "Katarós" que significa "puro". Los languedocianos no hicieron a los cátaros blanco del desdén que hoy dispensamos a las confesiones u opiniones minoritarias existentes en nuestra cultura. Llegaron a ser la religión dominante del país y fueron tratados con el mayor respeto. Se puede afirmar que el catarismo, era en el langedoc la religión del Estado.

 

"Hay dos iglesias, una que suelta y perdona, otra que retiene y destruye...

¿cuál crees que es la verdadera iglesia de Dios?" (Pierre Autier-1245/1309)

 

A sus seguidores los llamaban les Bonhommes o les bons chretiens, es decir, "los buenos hombres" o "los buenos cristianos", lo que da a entender que posiblemente, no hacían daño a nadie. Las crónicas imparciales les presentan como un movimiento de pureza, un retorno a la filosofía primigenia del cristianismo y, si bien es cierto que sus doctrinas acabaron no entendiéndolas nadie, en general propugnaron un ideal de vida conforme a las enseñanzas de Jesús y por tanto, renegaban de los fastos y las riquezas. Se congregaban al aire libre, todos los miembros eran iguales, eran pacifistas y creían en una especie de reencarnación. Además despreciaban - pobres- las relaciones sexuales, no mataban a los animales ya que creían en la metempsicosis y, por el camino, se cargaron los sacramentos inventando uno nuevo que valía para todo: el Consolamentum.

cataros, guillermo bertoldi, comunicacuión, la plataMás problemas presentaban otras partes de su doctrina: Para los Cátaros coexistían dos mundos, el cielo, obra de Dios y el mundo terrenal, obra de Satán. En esta especie de Tierra Media Dios no interviene en el segundo ya que para él, no existe. Por tanto los hombres seríamos una especie de almas encerradas en cuerpos terrenales de los que el Creador, en algún momento, se apiadó mandándoles a su hijo para hacerles entrega de un mensaje redentor. A diferencia del concepto católico, Jesús no resucitó, sino que solo tomó la apariencia humana por lo que los soldados romanos que perpetraron la crucifixión no asesinaron más que a una “sombra”. En cierto sentido, está claro que los hombres buenos no eran un peligro para nadie… excepto para la Iglesia. A dicha institución, ya bastante mosqueada por los sermones de los arzobispos cátaros en lo que condenaban la posesión de riquezas por el clero, no le gustaba nada el desprecio de estos por el símbolo de la cruz ¿Qué por qué? pues porque aborreciendo el culto a los difuntos, se rechazaba también el tráfico de reliquias, una de las más importantes formas de financiación de la iglesia Católica en la Edad Media y, es sabido que si se quiere mosquear a la Iglesia de verdad, no hay más que tocarle el bolsillo. Para redondear el asunto, en un determinado momento los cátaros hicieron pública su intención de no reconocer la autoridad del papa.

Hasta 1179 la iglesia optó por enviar a destajo a sus mejores predicadores al feudo albigense, para tratar de propiciar la vuelta al redil de los languedocianos. Incluso San Bernardo (no el perro… Bernardo de Claraval), creador de la regla de los templarios, fue enviado a la región, solo para regresar exasperado ante la tozudez de los “herejes”. Más tarde lo intentó Domingo de Guzmán, el fundador de los dominicos, con idéntica suerte. El Papa de turno, Inocencio III perdió la paciencia, excomulgo al Conde de Tolosa por no perseguir a los heréticos y, el 24 de junio de 1209, fiesta de San Juan, declaró oficialmente abierta la caza del Cátaro.

Se extendió hasta 1244 y tuvo dimensiones apocalípticas. La mayoría de los cruzados provenían de Francia, con lo que se produjeron escenas de combate entre vecinos, primos, incluso entre hermanos. Además, los Cátaros predicaban la no violencia con lo que enfrentamientos que empezaron como batallas, acabaron como matanzas. En el asalto a Beziers, en 1210, murieron 12.000 hombres, la mayoría mujeres y niños, algunos todavía nonatos que fueron acuchillados después de arrancarlos del vientre de sus madres. En Montsegur, su más importante centro religioso y una de sus más grandes fortalezas, se refugiaron en 1239 más de 500 caballeros cátaros y sus familias, en medio de gran regocijo por parte de su población que les recibió con los brazos abiertos. Blanca de Castilla, a la sazón regente de Francia, animó a sus nobles…"a cortar la cabeza de la serpiente que tantos problemas nos está dando” y al grito de Deux le volt o "Dios lo quiere", los cruzados entraron en la ciudad a sangre y fuego, quemaron vivos a los herejes y ajusticiaron a la población…por no seguir la voluntad de Cristo, o sea, la suya. En 1240 se consideró oficialmente erradicado el "problema".

Se mire como se mire, el episodio albigense resultó significativo en muchos aspectos. Además de ser el primer genocidio perpetrado en el mundo occidental no romano, constituyó un impulso vital a la definitiva unificación de Francia… y también a la creación de la ¿Santa? Inquisición. Pero ¿por qué este episodio ha dado para tanta literatura comercial? Los Cátaros desdeñaban tanto su vil envoltura carnal, que no tenían reparos en desprenderse de ella por medio de la hoguera. Durante la campaña, miles y miles de prisioneros hallaron la muerte en las piras, pero la mayoría de ellos no dieron ninguna señal de temor. Muchos incluso, asintieron al alud de acusaciones que se les venía encima, pero se resistieron a convertirse forzosamente y negaron la tenencia de un fabuloso tesoro en alguna de sus ciudadelas. Todo esto, unido al apoyo más o menos encubierto de los caballeros de la Orden del Temple y al hermoso canto que los trovadores hicieron al amor verdadero de estos hombres, ha hecho que la esencia de la historia se mezcle con los posos de la leyenda en miles de libros, con mejor o peor suerte.

 

Pero debemos quedarnos con lo vital...

Hombres matando a hombres... por un Dios... que de existir, seguramente será el mismo para todos...

 

Caboblanco

 

 

Last modified on Miércoles, 10 de Agosto de 2011 21:44

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Sobre mí

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Guillermo Bertoldi. Soy periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación Social y analista de Opinión Pública. Completé estudios superiores en sociología de las comunicaciones y management político. Especialista en Comunicación Electoral y de Gobiernos y comunicación de crisis de imagen corporativa.

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