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Tucumán: De los bolsones de comida a la Unidad de Ganancia Mínima

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En el hombre moderno pocas palabras resultan tan fuertes como el término Gratis. Si la palabra gratis tiene un efecto mágico en los consumidores, el concepto de beneficio directo derivado de la Unidad de Ganancia a corto plazo hace lo mismo entre los electores. Aunque reconocemos sus trampas nos fascina también la “gratuidad cívica”.

La teoría de la Unidad de Ganancia Mínima o de Corto Plazo está sostenida en la información cultural y biológica que, luego de dos millones de años de evolución, hemos heredado de los duros tiempos de las glaciaciones o las sequías, cuando el ser humano luchaba por la supervivencia en medios hostiles. Los seres humanos tenemos un miedo innato a perder y el atractivo del término gratis es uno de los conjuros a ese temor, precisamente porque es gratis. Ver más en (Comunicación política y evolución del cerebro)

 

El papel de la política y los gobiernos en cuanto a nuestras carencias existenciales y en ámbitos de nuestras vidas en sociedad como la salud, el tránsito, la seguridad, etc. apunta siempre a mostrar el resultado inmediato y a otorgar esos beneficios “gratis”. El término Unidad de Ganancia Mínima se utiliza tanto en la economía, la física, psicología, en la sociología, las ciencias políticas y hasta es usada por los entrenadores en los gimnasios de barrio.

Pero el beneficio ofrecido, para resultar determinante, debe ser inmediato, por eso genera cierto impacto positivo repartir merchandising de campaña, principalmente si tiene valor de uso, tal el caso de las botellas de agua, remeras, gorras, buzos y camperas, y no tanto las banderas y los prendedores partidarios. Mientras que a mediano plazo actúan fuertemente los planes que favorecen la compra en cuotas, las bajas de las tasas de interés y las promesas de obras de infraestructura.

Lejos de lo que se supone, no es tanto el voto cadena lo que logra que gentes sin ninguna cultura o interés político hagan la fila y finalmente voten a determinado candidato que les regalará algo. De buena manera los vecinos cumplen su palabra. Votan al que le prometió una bolsa de mercaderías, un número para el sorteo de un auto, o lo que fuera.

Así observamos sorteos de un remisse habilitado en la ciudad de Río Gallegos o este legislador de San Miguel de Tucumán que rifó un 0 Km, además de las ya incorporadas en el folclore nativo, chapas y bolsones de comida como escandalosamente se registra en la reciente elección del 14 de agosto pasado y en la de la provincia de Tucumán. He visto elecciones generales en las que se sorteaban hasta fiestas de 15 años, con vestido incluido.

A partir de irregularidades cometidas en la ciudad de La Plata por actual vice ministro de Desarrollo Humano, Carlos Castagneto, que oportunamente fueron investigadas por la Justicia, se supo que durante la campaña electoral de 2007, al menos en la ciudad Capital de la provincia de Buenos Aires, se repartieron cubrecamas, CDs de música, electrodomésticos varios, calefactores, termos metálicos, ventiladores, hasta lencería. Mercadería que oportunamente había sido decomisada por la Aduana Nacional en operativos fiscales y por contrabando.

Son pobres, son ignorantes, son partícipes necesarios en la destrucción del sistema democrático. Son inocentes, son víctimas, etc. Hay visiones de los dos lados que justifican o condenan el clientelismo político. ¿Pero y si fuera que el proceso democrático o su participación cívica es algo que al no resultar importante para sus vidas no tuviera valor alguno?, ¿Estas conductas están relacionadas con el estrato social y nivel educativo o de instrucción?

 

Sorteo de un 0 KM. Centenares de familias acudieron al bingo "popular" con claro tinte electoralista. | Gentileza diario La Gaceta de Tucumán.

Para decirlo claro: Que sean pobres no implica que sean estúpidos. Cualquiera sabe que nadie cambiará la vida de millones de argentinos postergados y sumergidos en la ignorancia, las carencias y los resentimientos de haber crecido y vivido sin nada. ¿Porqué ellos, deberían confiar en una propuesta (generalmente mal comunicada) de bienestar en un futuro incierto, cuando adelante tienen unas mercaderías que le salvan la semana?

Del conocido y cuestionado en ciertos círculos intelectuales “voto licuadora” de la campaña por la reelección de ex presidente Carlos Menem al ahora menospreciado “voto plasma”. Cada época tiene una corporización de los anhelos de cada sector de la sociedad. Pero todos respondemos a la Unidad de Ganancia Mínima de una u otra forma.

¿O acaso no conocemos a personas que para justificar su voto al oficialismo apelan al hecho de haberse comprado un auto nuevo, una computadora, haber hecho un viaje? ¿Cuál es la diferencia con el que recibió dos botellones de aceite mezcla? ¿Es una cuestión de escala?

No es novedad que vivimos una democracia de baja intensidad y calidad institucional. Nuestra sociedad está integrada mayoritariamente por gente que en Marketing comercial se la denomina “motivada por la necesidad”. Esa decir, que no es importante ni se les presta atención, porque su desesperación impide que decidan “libremente” la compra de artículos que vende la publicidad o el mercadeo.

Pero en tanto ciudadanos, el problema no radica en lo económico o en la capacidad de acceso a bienes y servicios. Esta variable afecta a todos por igual. Está directamente vinculada a la falta de interés, confianza y cultura cívica. A los errores e ignorancia de los políticos opositores. Pero principalmente a la educación, que es la gran constructora de valores, única barrera al impulso biológico de la Unidad de Ganancia Mínima.

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Sobre mí

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Guillermo Bertoldi. Soy periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación Social y analista de Opinión Pública. Completé estudios superiores en sociología de las comunicaciones y management político. Especialista en Comunicación Electoral y de Gobiernos y comunicación de crisis de imagen corporativa.

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