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Los marcos mentales y la metáfora en las ciudades

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El supuesto básico del que parten los lingüistas Lakoff y Johnson es la existencia en nuestras mentes de un sistema conceptual que incide definitivamente en nuestro pensamiento y nuestros actos, y constituye la base que permite dotar de coherencia estructural al lenguaje. Un conjunto significativamente extenso de estos conceptos es de carácter metafórico. La primera consecuencia teórica del sistema conceptual, los marcos o frames, es que la metáfora deja de ser un artificio retórico y poético para convertirse en una estructura determinante en la toma de nuestras decisiones políticas.

En este sentido, los esfuerzos que han declarado algunos filósofos por apartarse del poder “corruptor de la metáfora resultan vanos: la metáfora no es un accidente del lenguaje” , sino un concepto poderoso que sustenta la emergencia del lenguaje y la expresividad.

 

 

George Lakoff en su libro "No pienses en un elefante" (que es el signo de los republicanos, y con ello propone que los demócratas no se sometan a ellos) sugiere que los denominados marcos conceptuales influyen en nuestras percepciones, ayudan a determinar el voto y pueden ser modificadas discursivamente. El enmarcado del lenguaje en una estructura narrativa genera una ayuda determinante para activar estructuras mentales inconscientes que motivan los comportamientos. Ello ocurre sin prestar atención a la racionalidad de los intereses que se traen como bagaje cultural y social, o a los datos de la realidad. De esta manera se explica porqué la gente vota por valores e identidades y a menudo contra sus propios intereses.

 

La ciencia cognitiva ha concluido que pensamos en los términos de esos marcos mentales y metáforas antes de permitirnos iniciar un razonamiento analítico de la información recibida. Estas frames tienen existencia física en las sinapsis de nuestro cerebro y son configuradas materialmente en los circuitos neuronales Cuando se produce el estímulo correcto hacen que se queden fijadas en los marcos ignorando los hechos objetivos de la realidad. Las conocemos por los resultados y consecuencias de las decisiones tomadas y por el lenguaje.

 

El ejemplo lo pone el sociólogo Manuel Castells: “Si se ha activado un marco que define al Presidente como protector contra todos los peligros del mundo, cualquier información que contradiga ese marco (como la falta de conexión entre Al Qaeda y Sadam Hussein, o la inexistencia de armas de destrucción masiva) tiene mucha dificultad para penetrar nuestra decisión consciente. Naturalmente, si ese marco no es operativo o si otro tipo de marco es el activado, entonces ocurre lo contrario, los datos se convierten en argumentos en contra de la política del miedo”.

 

Pero el propio Lakoff le quita dramatismo a su teoría al negar que la estrategia de los marcos conceptuales sea una especie de manipulación lingüística. Según sus investigaciones lo importante son las ideas y la relación de las ideas que se proponen con los valores asentados en la identidad de las personas. Se trataría de activar esos valores latentes. Aunque estos mecanismos son aceptados en el campo publicitario comercial en su lucha por imponer mercaderías y marcas; aun es resistida en el ámbito de la política donde la pelea sería por imponer metáforas en los cerebros de las personas, apoyados por sus creencias estructurales y sus propios sistemas de valores.

 

Los marcos conceptuales afectan nuestra manera de percibir la política y las acciones que pueden derivarse de las ideas políticas, como el impulso a votar por determinado candidato. Esas estructuras mentales determinan nuestra forma de entender el mundo, de la planificación que hagamos de nuestras vidas, y como consideremos y evaluemos las consecuencias de nuestras decisiones. La buena noticia es que pueden ser modificadas mediante el discurso político.

 

A su vez, en la medida que la nueva información recibida no se acomode a los marcos que tenemos en nuestras cabezas, los datos no ingresan al sistema, los ignoramos y por lo tanto, no pasan a conformar parte de nuestra realidad personal.

 

La narración y la metáfora accionan sobre los marcos porque la construcción de los pensamientos se hace en palabras. Es la lengua, como se verá más adelante, la que conforma nuestro sistema de pensamiento. Pensamos en función de la lengua. Por cuanto la activación de los marcos conceptuales se realiza a partir del disparador que genere la aplicación correcta de determinadas palabras en función de una historia bien contada.

 

En ese sentido, la ideología personal, las ideas que nos acompañan en política se encuentran enmarcadas conceptualmente y cambian y se acomodan, en la medida que el marco mental, la identidad y los valores que lo sostienen, cambien. El relato y el discurso político para ser efectivo, debe adecuarse a los marcos conceptuales de los segmentos de la opinión pública, activando aquellos que se ajustan a los ideales políticos que se estimulan. Las palabras en política tienen sentido sólo si se significan, es decir, si significan algo en el marco de lo que se siente y piensa ya que esto ocurre en un plano de inconsciencia cognitiva.

 

“El relato, la narración, es la llave de todo" . Es decir, "quién cuente la mejor historia, gana". El esquema incluye un buen análisis de la realidad y un buen relato en el marco de una buena imagen: Frente a la complejidad de intereses y factores que presionan sobre la manera de observar la realidad, de sus causas y consecuencias, un discurso apropiado es capaz de generar una ilusión colectiva, o al menos un compromiso colectivo que pueda ofrecer confianza en el electorado.

 

En general, en cualquier ciudad latinoamericana, existen graves problemas  que son percibidos por los ciudadanos como complejos y de difícil resolución. El crimen, el tránsito, las desigualdades sociales, la falta de agua, las carencias de infraestructura como pavimentos y luminarias son comunes a todas. No hay una ventaja diferencial en la comunicación de campaña o gobierno al hacer hincapié en alguna de ellas.

 

Si  el posicionamiento político se da cuando el dirigente es percibido por el electorado o una parte de él, como el mejor preparado  para resolver esos problemas, tenemos que todas las campañas son más o menos parecidas, aun dentro de las mismas ciudades, porque todos leen encuestas de opinión, que si están bien hechas, arrojan resultados iguales. Las campañas son parecidas y para peor, son aburridas.

 

Una de las maneras de tomar control estratégico de la campaña es tener claro el marco conceptual en el que se desarrolla, los mejores mensajes que sostengan las aspiraciones públicas del candidato y una buena narración retórica. Una buena historia que contar.

 

Pero a pesar de no ser una cuestión novedosa, ya tiene 30 años de desarrollo, los gobiernos y las campañas se empecinan en comunicar sólo las acciones particulares esperando que sea en la cabeza de los ciudadanos y electores que termine de conformarse la idea que los impulsa. Si bien existen teorías que proponen precisamente que en realidad el político no emite mensajes sino señales que en la mente del elector se arma como el mensaje,  ya se ha sobreabundado en la implicancia del proceso del conocimiento y la percepción emocional.

 

Los problemas en las ciudades son medianamente parecidos en todas. Con lo cuál lo que determina la ventaja diferencial es el marco conceptual en el que se desarrollan las propuestas o las acciones concretas para solucionarlos. Si el marco conceptual detectado la incluye la “libre y suave circulación”, son las barreras físicas que tienen las ciudades las que impiden el bienestar de sus vecinos , la apertura de una calle cerrada al tránsito, la modernización del sistema de semáforos, la pavimentación de accesos a escuelas y hospitales, el mejoramiento de frecuencias de transporte público, entre otros son las consecuencias esperadas. Se constituyen aquí como la concreción física del deseo gubernamental o político de “eliminar las barreras físicas que impiden el bienestar”, para hacer ciudades transitables, sin obstáculos, fáciles para vivir, en contraposición a las que actualmente vivimos como ásperas, complicadas, poco amigables con el peatón y los conductores, con los niños, etc.

 

Si se mejoraron los circuitos, la infraestructura y frecuencias del trasporte público pero se lo hizo para “modernizar el servicio”, en la mente y el corazón de los vecinos ésas acciones tendrán una valoración distinta. La conceptualización es todo en la construcción del discurso político e institucional: Si es que mi hijo sale de la facultad a las once de la noche, con frío y hambre, no deberá esperar una hora para tomarse el colectivo. Si es que llueve no permanecerá a la intemperie ya que se han construido refugios. Si un viaje que podría hacerse en 30 minutos ya no insumirá hora y media. Una hora para cualquiera de nosotros es también una hora para cualquiera de nuestros vecinos. Es una hora más junto a sus hijos, la pareja o simplemente mirando el programa favorito de televisión. Es que no se modifica la realidad para “modernizar el servicio”.

 

Sin embargo es difícil encontrarse con un jefe comunal, un legislador, gobernador o líder político en general, que cuando se le formula la pregunta respecto de “a qué se dedica”, escucharlo responder “en hacerle más fácil la vida a la gente”. ¿Porque en definitiva, a qué se dedican si no es a eso?

 

“El lenguaje es más que un medio de expresión y comunicación. Es la puerta de entrada a la mente. Organiza y da acceso al sistema que utilizamos para pensar" . La comunicación política moderna ya no se trata de folletos y gacetillas de prensa, sino de metáforas, narrativas e imágenes en discursos y relaciones personales, porque las palabras se definen en relación a marcos conceptuales.

 

Los comunicadores de campaña deben estar capacitados en el uso apropiado del  lenguaje, la construcción gramatical y las reglas de la lengua. De otra manera sus aportes al dirigente político serán pobres. Tenemos la obligación  de saber que el cerebro funciona generalmente por debajo del nivel de conciencia y contra lo que se nos enseñó en las facultades de comunicación hace años, la mente no actúa de manera universal, ni lógicamente, ni fuera de una estructura emocional, sino todo lo contrario: su ejercicio es íntimamente empático, emocional y metafórico.

 

Lo que lingüistas cognitivos como Lakoff y Johnson en sus trabajos destacan es la incidencia que tienen las metáforas, más aun las visuales, en el proceso de interpretación de los mensajes políticos. La metáfora como construcción cognitiva tiende al conocimiento, la representación, la asociación, el dominio de la información y la individualización del mensaje. El discurso político debe hacer referencia a situaciones que le permitan a las audiencias representarse en objetos y hechos concretos a qué se están refiriendo.

 

Cada vez que enfrentamos a un político o a sus asesores de campaña y nos reclaman ayuda en encontrar las palabras adecuadas, en realidad lo que les está faltando son ideas, porque las ideas surgen en el formato de marcos conceptuales. Cuando los marcos mentales están identificados correctamente, las ideas listas a ser convertidas en noticias y acciones políticas aparecen inmediatamente. Las  ideas enmarcadas y definidas conceptualmente tienden naturalmente a convertirse en acciones concretas.

 

Pero Lakoff nos señala que puesto que el lenguaje activa los marcos, esos nuevos marcos requieren un nuevo lenguaje. Lo primero y más costoso para la tradicional manera de entender la comunicación política y de comunicar en sí, es reconocer que el cambio de marco implica también un cambio social. La revolución de las frames permite descontracturar el discurso pero principalmente a las ideas que tienen los políticos tradicionales.

Pero hay que tener coraje para hacerlo. Hay que dejar de mirar a las otras bancas legislativas o a los comités políticos de los opositores, porque esos, seguro,  no los van a votar, por tanto poco importan que subestimen y se rían de la manera de comunicar buscando la conexión emocional.

 

Puesto que los marcos son estructuras mentales que conforman nuestro modelo de ver el mundo, ¿De qué lado del marco conceptual creen que se ubicaría la gente cansada de ver políticos en los canales de Televisión hablando de las internas partidarias? ¿Cuánta atención se le prestaría a esta narrativa del rescate ecológico en las ciudades? Porque como recomienda Lakoff, hay que pensar estratégicamente a través de áreas de cuestiones importantes que se concreticen en cuestiones mínimas, “piensa en términos de grandes fines morales, y no sólo en términos de programas, piensa en las consecuencias de las propuestas”, crea iniciativas progresistas a modo de pendientes resbaladizas” que lleven a la acción en las que la gente pueda poner en juego su ética y sus valores morales. Y finalmente “habla desde tu perspectiva moral en todo momento. Las políticas progresistas derivan de los valores progresistas. Clarifica tus valores y utiliza el lenguaje de los valores. Abandona el lenguaje de los fontaneros de la política” .

 

Para dar con el marco hay que comenzar con el contexto. Liderar en el término de ideas y valores implica dejar de lado momentáneamente la lectura frenética de encuestas de opinión que están definidas por quién las estructura en los cuestionarios. Hay que hablar desde los valores.

 

 

 

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Sobre mí

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Guillermo Bertoldi. Soy periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación Social y analista de Opinión Pública. Completé estudios superiores en sociología de las comunicaciones y management político. Especialista en Comunicación Electoral y de Gobiernos y comunicación de crisis de imagen corporativa.

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